No es que tuviera falta de inspiración, pero entiende que a veces nos echan el candado, quizá, por demasiado tiempo... y se hace difícil romper las cadenas.
Tanto es así que no llegas a entender como echaste a andar. Pero la fuerza que tenemos es siempre mayor de lo que nosotros mismos podemos siquiera imaginar.
Es por eso que con temor, no lo niego, rompo las cartas que tenía en la mesilla de noche; apago las luces al dormir y vislumbro los ocasos y los guiños de la noche desde el balcón; verás que con una sonrisa he dejado de releer los poemas que me dedicó entonces el dichoso tiempo, lleno de días no mejores, pero sí felices... y de vez en cuando se escapa de nuevo un sueño por algo... aunque no niego tampoco, el eterno insomnio que he tenido que pelear por ello.
Pandora hizo un pacto con mi tiempo y dejó a la esperanza merodeando por estos lares tan fantásticos y turbios.
A pesar de que no existe viento que empuje estos deseos, ellos mismos siguen rompiendo eslabones.... casi sin darme cuenta. Escucho como la oscuridad guía estos pasos, como la música a veces los alumbra para que no se salgan del camino.
No fue escuchar su corazón como la primera de las últimas veces. Es abrir una puerta en la que todavía no sabes si hay un picaporte para llamar. Y si hay alguien esperando a que llamen.
Y para ganar hay que arriesgar... y como siempre, eso dicen.
Mar de verano
Miro otra vez al mar de verano. Miro otra vez placentera ante el océano de la nada. Miro a mi lado y la soledad otra vez sentada comiendo un helado de chocolate y fresa. Siempre de chocolate y fresa. Y es cuando pienso de nuevo en lo mismo. Por qué no luchó. Por qué esa simpleza en una connotación tan contundente... fue una línea de salida y no de llegada.
Pienso que no creo que haya alguien que lo entienda de esa manera. Miro al mar de verano. Y es de madrugada otra vez. Cuando las olas se estiran por la arena pienso en el tiempo. Si retrocediera la cantidad de horas que separan estas historias sin sentido me doy cuenta de que volviendo mi cara y haciendo andar mis pies, podría recuperar no solo el día entero que ya pasaba antes de esta madrugada, sino el momento justo para mirarte de nuevo a los ojos.
Y no pasará. No volverá a pasar. Y he perdido las palabras de tu ánimo a mi desaliento. Sé que no volverá a pasar.
Miro a mi lado y la soledad otra vez está ahí sentada comiendo un helado de chocolate y fresa. Y no contesta a mis preguntas. Y el tiempo se ha parado en el futuro más frío e incierto de todos.
Pienso que no creo que haya alguien que lo entienda de esa manera. Miro al mar de verano. Y es de madrugada otra vez. Cuando las olas se estiran por la arena pienso en el tiempo. Si retrocediera la cantidad de horas que separan estas historias sin sentido me doy cuenta de que volviendo mi cara y haciendo andar mis pies, podría recuperar no solo el día entero que ya pasaba antes de esta madrugada, sino el momento justo para mirarte de nuevo a los ojos.
Y no pasará. No volverá a pasar. Y he perdido las palabras de tu ánimo a mi desaliento. Sé que no volverá a pasar.
Miro a mi lado y la soledad otra vez está ahí sentada comiendo un helado de chocolate y fresa. Y no contesta a mis preguntas. Y el tiempo se ha parado en el futuro más frío e incierto de todos.
Matemos a Pocahontas
Rasgando un poco entre la madera, intentando hacer un poco más de ceniza para la carnaza de después. Nos acordamos así de la abuela de Pocahontas "muere, muere... ya no te atreves a cantar con el fuego ¿eh? ¿duele?". Y así sucesivamente, comenzamos a mofarnos de la historia que fue reconvertida por Disney. Al igual que "La Sirenita".
Por lo que concluímos, entre varios comentarios, que pudo ser el capitán John Smith el primer pedófilo de América, ya que la mona de Pocahontas tan sólo tenía 12 años cuando conoció al Capitán "superpreciosodivino" de la película. La historia es real, pero la verdad es que no sé como termina. Supongo que Google tendrá pistas. Y mientras nos preguntábamos cómo pudo ser, etc... teniendo en cuenta otros tiempos los siglos por de los más siglos y esas cosas, alguien le decía al tronco de encina inerte que ardía entre las llamas "muere, ya no cantas más...¿no? ¿y ahora qué? ya no puedes tirarte cascada abajo con la zorra de tu nieta ¿eh?".
En fin, cosas de los amores... y de Disney.
Por lo que concluímos, entre varios comentarios, que pudo ser el capitán John Smith el primer pedófilo de América, ya que la mona de Pocahontas tan sólo tenía 12 años cuando conoció al Capitán "superpreciosodivino" de la película. La historia es real, pero la verdad es que no sé como termina. Supongo que Google tendrá pistas. Y mientras nos preguntábamos cómo pudo ser, etc... teniendo en cuenta otros tiempos los siglos por de los más siglos y esas cosas, alguien le decía al tronco de encina inerte que ardía entre las llamas "muere, ya no cantas más...¿no? ¿y ahora qué? ya no puedes tirarte cascada abajo con la zorra de tu nieta ¿eh?".
En fin, cosas de los amores... y de Disney.
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Esto de querer encontrar el camino paseano por un plano caótico es complicado.
Pero yo sólo pedía "ahí no me des" o "de esa forma no me desprecies".
Y como la virtud está en el término medio... ¿dónde está el virtuoso?
Dejádme vivir!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Pero yo sólo pedía "ahí no me des" o "de esa forma no me desprecies".
Y como la virtud está en el término medio... ¿dónde está el virtuoso?
Dejádme vivir!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
RaReZaS
He pactado con mis rarezas que no me suelten de la mano.
He pactado con ellas y me he rendido a la evidencia de que es mejor tenerlas a mi lado y que me sorprendan todos los días,a no tenerlas y que me falte la chispa.
Gracias por encontrarlas, devolvérmelas, enseñarme a no soltarlas y a sentirme otra vez... yo.
Te devuelvo la fianza a la vuelta, cuando terminemos de sorprendernos.
¡Y creer en esa soledad!
He pactado con ellas y me he rendido a la evidencia de que es mejor tenerlas a mi lado y que me sorprendan todos los días,a no tenerlas y que me falte la chispa.
Gracias por encontrarlas, devolvérmelas, enseñarme a no soltarlas y a sentirme otra vez... yo.
Te devuelvo la fianza a la vuelta, cuando terminemos de sorprendernos.
¡Y creer en esa soledad!
Clavando moras

Dicen que la mancha de mora con mora verde se quita... o que un clavo saca a otro clavo... y que las penas con pan son menos. Y yo digo que todo eso es mentira. Porque sólo basta que te lo creas una vez para que tengas que repetirtelo otra segunda. Y esa es incluso peor que la primera, en la que alguien te recordó que sobre estos dichos, se encuentra la esencia de que todo no está perdido. Y claro, pasa esto, y volvemos a creer que si... que todo puede perderse.
Nadie te contó, qué se hace, cuando se te escurre de las manos una pequeña ilusión que te ganaste con las pocas fuerzas con las que te levantas cada mañana después de ese "peor" momento y que además, te permitió no patearte contra la soledad. Nadie te cuenta si la esperanza te arropa mientras sueñas con no seguir atormentándote.
Nadie te cuenta si vuelven a consultar las líneas de sus manos preguntándose qué será o quién será el siguiente. No tengo experiencia en quiromancia, pero yo si lo he hecho. Y me lo he preguntado. Y concluí que entre malezas no hay moras. O al menos entre esta maleza, en la que solo han salido malas hierbas y la única zarza con mora, ha arañado. Ojalá no lo hubiera hecho. Ojalá.
Y vuelves a dudar de todo. Y te convences de que aquel no fue el mejor camino...y aunque sea de sabios rectificar, ya es demasiado tarde para hacerlo. Porque sabes que no vale de nada.
Y entre todo esto paseas, como dijo el profeta, por el boulevard de los sueños rotos.
Mendigando

Vi a una reina mendigando. Iba con un cacillo, unas ropas raídas restándole grandiosidad.
No le merecían.
Tenía un maquillaje que entristecía su rostro, la luz de los ojos apagada, la armonía de su voz rota, la delicadeza de su piel desecha. Vi a una reina que olía a la lluvia de madrugada y a la melancolía de una tarde de lunes. Acompañada iba de la frialdad de la indiferencia por cualquier poder y siempre al lado de tanta gente que no sabe mirar a los ojos. Llevaba como cetro la caja rota de su cielo. Llevaba como corona el corazón arañado.
Vi a una reina mendigando en un antro por un poco de abrazos, de besos… de un cuerpo que acariciar, de un cuerpo que le acariciara y que desbancara su molesta soledad… implorando ocupar las ilusiones perdidas. La escuché hablando como las putas que se dan por vencidas, con esos ojos tan apagados y cambiando realidad por sueños rotos. Ilusa ante cualquiera, con un humo de esperanza.
La vi en la cola de la puerta del olvido, del montón, donde muchas reinas que deambulan sin corona, sin cetro, sin nada, se paran, esperando que las llamen…. reinas otra vez.
Y pensé que había demasiados cacillos llenos del vacío de aquella jodida, probablemente hipócrita indiferencia y que había demasiadas reinas mendigándoles a demasiados…de nada.
Y pensé que por eso, prefiero que no me llames reina.
No le merecían.
Tenía un maquillaje que entristecía su rostro, la luz de los ojos apagada, la armonía de su voz rota, la delicadeza de su piel desecha. Vi a una reina que olía a la lluvia de madrugada y a la melancolía de una tarde de lunes. Acompañada iba de la frialdad de la indiferencia por cualquier poder y siempre al lado de tanta gente que no sabe mirar a los ojos. Llevaba como cetro la caja rota de su cielo. Llevaba como corona el corazón arañado.
Vi a una reina mendigando en un antro por un poco de abrazos, de besos… de un cuerpo que acariciar, de un cuerpo que le acariciara y que desbancara su molesta soledad… implorando ocupar las ilusiones perdidas. La escuché hablando como las putas que se dan por vencidas, con esos ojos tan apagados y cambiando realidad por sueños rotos. Ilusa ante cualquiera, con un humo de esperanza.
La vi en la cola de la puerta del olvido, del montón, donde muchas reinas que deambulan sin corona, sin cetro, sin nada, se paran, esperando que las llamen…. reinas otra vez.
Y pensé que había demasiados cacillos llenos del vacío de aquella jodida, probablemente hipócrita indiferencia y que había demasiadas reinas mendigándoles a demasiados…de nada.
Y pensé que por eso, prefiero que no me llames reina.
Tácticas IV
Esto es un simple juego de palabras, muy acertado para la ocasión, por cierto. Ahora viene lo que los comerciantes quieren que venga. Bueno pues eso, San Valentín está al caer y como no podía ser menos muuuuuuuuuchos lo celebrarán por todo lo alto ¿no? lencería- corazones- dulces- rosas- rojo pasión- e intentos, fallidos o no, de experimentos sexuales. Si. San Valentín (cuando una rosa tiene sentido cualquier otro día).
Táctica de supervivencia número cuatro, ofrecida por el amigo "R": si no puedes celebrar San Valentín, celebra "San Calentín". Es una opción. Muy buena.
Aunque yo me agarro a la de mi amigo M. A , que es celebrar "el día de los empanados" por eso de la caraja que me caracteriza y esas cosas. Quien me conoce lo sabe. Y porque hay muchos días para san calentines y san valentines... quien me conoce también lo sabe.Anda y que os den mucho chocolate.
Táctica de supervivencia número cuatro, ofrecida por el amigo "R": si no puedes celebrar San Valentín, celebra "San Calentín". Es una opción. Muy buena.
Aunque yo me agarro a la de mi amigo M. A , que es celebrar "el día de los empanados" por eso de la caraja que me caracteriza y esas cosas. Quien me conoce lo sabe. Y porque hay muchos días para san calentines y san valentines... quien me conoce también lo sabe.Anda y que os den mucho chocolate.
Síndromes

Síndromes de borderline, de adapatación, de Down, de Adie, de despersonalización, de Ganser, de triple X, del payaso...... ¿cuántos más? y de abstinencia. Hay muchos más, pero la abstinencia creada por la droga y junto con la soledad que la llama, puede provocar desde la locura más inexplicable hasta que te corten un brazo, que quién sabe cuanto hubiera aguantado gangrenado por la vena destrozada, o si no, cuantas noches hubieras estado abrazándote a la bolsa de caballo como si fuera tu osito de peluche, ese que usabas cuando eras niño...recuerda que ese cacho de tela te inspiraba la misma confianza que ahora esa bolsa llena de ciego, sobre un sofá mugriento que cuenta como te comen las horas de la desesperación.
Todo comienza con el síndrome de abstinencia afectiva.
Pero nadie te lo cuenta.
¿Dónde está la receta para ese síndrome?
Y buena suerte, dicen, ¿no?
Menos mal que podemos creer que esto solo pasa en las películas.
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